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TRANSICION APOSTOLICA

 

INTRODUCION: Transición

 

Esta definida como un movimiento, un paso o un cambio de posición, estado, lugar o actividad.

 

  • Es un período en el cual ciertos cambios toman lugar.
  • Estos cambios son difíciles para los que aman lo cómodo.
  • Un cambio requiere humildad y compromiso.
  • Un cambio viene por escuchar y ver lo que Dios está haciendo.
  • Significa transferir de un lugar, posición, liderazgo, a otra persona.
  • Significa colocar a un lado “cosas” y reemplazarlas.

 

La mayor transición que ocurrió en el A.T y el N.T, fue Cristo Mismo (Mt. 9:17; Mr. 2:22; Lc. 5:37)

 

En ese tiempo los líderes religiosos no tuvieron el discernimiento necesario para “ver” la transición, y si lo vieron, no les convenía.

 

La transición apostólica se caracteriza por los cambios (mudanzas para progreso, alcanzar niveles superiores, avance y desarrollo). Esto es algo que necesitamos aceptar e internalizar, los cambios no son una opción, son nuestra mayor necesidad.

 

Hechos 5:39 dice:

“…mas si no es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios”.

Isaías 14:27 afirma:

‘Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, .y quién lo impedirá? Y su mano extendida, quién la hará retroceder?”.

 

Existen muchos líderes que desean una transición de lo pastoral a lo apostólico. Ellos se han dado cuenta de que Dios los quiere promover a un nivel superior. Sienten en su espíritu la necesidad de esta transición, pero ignoran cuales son los pasos que tienen que tomar para ver realizado este llamado.

 

Frente a las transiciones apostólicas tenemos que enfrentar dos extremos, por una parte, la DESINFORMACION (ignorancia de lo que está ocurriendo) y por la otra, la DISTORSION (desvíos y excesos de lo que ocurre).

 

Es vital que todos podamos encontrar por dirección del Espíritu y la Palabra el mecanismo correcto para ayudar  al liderazgo a realizar esta etapa de transiciones.

 

1) Directrices de base.

La capacidad y disposición de cambiar es la sujeción a una ley establecida por Dios y no un  simple hecho de hacer algo novedoso, o para impresionar que andemos a la vanguardia. El Espíritu de Dios se mueve para hacer y producir cambios, no para que nos sintamos bien, sino para que lo hagamos bien. Dios me da libertad para hacer lo que debo que hacer, no  lo que quiero hacer.

 

Dios es un Dios de cambios. En el Reino de Dios, el cambio no es algo que se discute, es algo que se obedece. Muchas veces cambiamos cuando el dolor actual es mayor, que e1 gozo que produce el cambio.

 

Todos los cambios son producidos por personas que entienden que son una generación de relevo, para que a sus hijos no los sorprenda el futuro, ya que tenemos la responsabilidad de preparar una plataforma mas sólida desde podamos lanzarles a niveles mas altos de influencia.

 

En el Reino de Dios las transiciones son necesariamente imprescindibles, inevitables e inexcusables. El Señor prometió en Isaías 43:18, hacer cosas nuevas; por lo tanto nuestro Dios no está anquilosado en los recuerdos de los hechos pasados, sino que se mueve soberano e innovador en la historia.

 

2) Definiciones para atender al desafío de los cambios.

 

2.1.  El cambio afecta a todos.

Aunque  usted se niegue a cambiar, el cambio lo cambiará.

 

2.2.  El cambio llegará.

Con usted, alrededor de usted y sin usted.

 

2.3.  Tenemos uno de los dos destinos.

Dos alternativas: Cambiar o fracasar.

 

2.4. Los cambios son difíciles de hacer.

Los cambios son difíciles de hacer porque no hay nada mas seguro que lo conocido y lo actual.

 

3) Cualidades de las transiciones.

En términos naturales conocemos que existen cuatro transiciones (estaciones de tiempo) en la naturaleza: Primavera, Verano, Otoño e Invierno. Durante las estaciones los cambios no son bruscos, sino que siempre hay una transición. Lo apostólico  nos hará saber en que estación estamos y lo profético nos mostrará cual es la próxima estación.

 

Si queremos ser capaces de manejar el cambio con eficacia y eficiencia que nos lleve a la excelencia, es definitivo entender las seis características acerca de las estaciones.

 

3.1. Las transiciones son naturales.

Es el cumplimiento de un propósito de Dios establecido en la naturaleza. Es un cambio perfecto. Los cambios efectuados por Dios son en todo el mundo y son parte de su propósito. Los cambios de las estaciones son algo que nadie puede forzar, pero sus implicaciones si afectan a todos.

 

3.2. Los cambios de transición son indetenibles.

El poder que determina una estación está más allá de nuestra comprensión y desafía nuestra lógica. Toda nuestra capacidad y poder están limitados por el soberano propósito de Dios. No importa cuanto gritemos, oremos, clamemos, reprendamos, nos molestemos, hagamos planes; nada puede detener el invierno, ni siquiera el mismo diablo.

 

Nada puede detener el tiempo y el propósito de Dios para esta generación. El cambio es inevitable, ha llegado a su máxima capacidad. Esto nos enseña que el principio y el fin de una temporada no es determinada por el hombre sino por la agenda de Dios.

 

3.3. No podemos resistirnos a las transiciones.

Si un hombre con traje de baño desafía una tormenta de nieve es un necio para usted verdad?. Será igual si nos resistimos a los propósitos de Dios.  Cualquiera que luche contra un cambio divinamente natural, terminará inevitablemente como el hombre del traje de baño en la tormenta de nieve. Su fin es muerte.

 

3.4. Las transiciones no tienen respeto por nadie.

El Señor nos enseña que puede ser el alcalde de una ciudad, el presidente de un país, abogado, rey, pastor, apóstol, etc. no puede ni debe interferir en lo que El se propone hacer. De igual forma, cualquiera que desafíe una tormenta de nieve acabará con su propia vida.

 

Las transiciones al igual que las estaciones de tiempo, no respetan jerarquías.  Los resultados o vestiduras de la época pasada no te sirven para la presente. Es absurdo salir en verano con ropa de invierno. Las transiciones exigen sumisión a sus reglas.

 

3.5. Las transiciones no piden permiso.

Algunos creen que pueden manipular con el poder que el cargo les da, lo que Dios determinó hacer.

Las estaciones no esperan la autorización de los distinguidos de una ciudad para desarrollar su carga divinamente dada por Dios.

La llegada y partida de una estación no necesitan nuestra bendición, porque tienen la de Dios, igualmente las transiciones apostólicas.

 

3.6. Las transiciones traen cambios que nadie puede controlar.

Somos incapaces de hacer que ocurra un cambio radical por el frío o el calor. Las estaciones no toman en cuenta nuestros deseos o actitudes personales. Así mismo, ninguna de estas cosas puede tomar control sobre una transición en el tiempo y propósito de Dios. Una transición de Dios nunca será otorgada como un trofeo a ningún hombre; grupo u organización. Sería tan absurdo como escribir un libro titulado: “COMO LOGRE HACER EL INVIERNO”

 

4) La verdadera sujeción.

Es triste decirlo; pero es una de las más crudas realidades de la vida cristiana es que, muchos mueren en las transiciones apostólicas por que no entienden o no quieren respetar los principios de Autoridad y Sujeción que Dios establece, para el perfecto funcionamiento y desarrollo de Su Iglesia.

 

Dios quiere de nosotros obediencia en lugar de sacrificios. Si hay algo que Dios no soporta es la rebelión. La obediencia es la expresión más completa de nuestra respuesta a la voluntad de Dios, como autoridad en nuestra vida. (I Sam 15:1-3.) Si Jesús fue entrenado en la obediencia, quiere decir que obedecer es algo que se necesita y debe aprender, en cambio desobedecer es natural. Nadie ha recibido un seminario o curso de “Como portarse mal”.  Si aprendo a obedecer me va a ir bien.

 

En una estación del tiempo las leyes que ésta establece no se discuten, sino que se guardan. Igualmente en una transición apostólica la Autoridad no se discute, sino que se respeta. Esto tiene que ver con un  espíritu correcto que comprende los principios del Reino, pues no se trata de imposiciones o caprichos humanos, sino delineamientos divinos, por gente que opera  de acuerdo a la función designada por Dios y no por cargos jerárquicos ejercidos con arbitrariedad y tiranía.

 

Existe la posibilidad de estar trabajando en la obra de Dios y vivir en rebelión, ya que satanás no teme que sirvamos a Dios, pero si teme que estemos bajo su autoridad. El centro de todos los conflictos en el universo es la cuestión de decidir a quien pertenece la autoridad. Existen dos principios en el universo: La autoridad de Dios y la rebelión del diablo, nuestro deber es decidir a quien servir.

 

El Nuevo Nacimiento nos permite entender, no sólo el verdadero significado de la salvación, sino de conocer la verdadera Autoridad de Dios. Todo aquel que tiene un verdadero encuentro con la autoridad, se somete a ella, ya que nuestra sumisión no está dirigida a una persona, sino a la autoridad de Dios en esa persona. (Pablo se sometió a la ministración de un desconocido discípulo llamado Ananías).

 

La mayor exigencia que Dios hace al hombre, no es que haga cosas buenas o deje de hacer cosas malas, sino que se someta a Su Autoridad. Cuando todo  ministro entiende la voluntad de Dios y se somete a ella, puede experimentar la realidad de la autoridad del Reino. La única meta de la Iglesia es representar  y manifestar la autoridad de Dios en el universo, a fin de establecer su Reino en la tierra.  (Efesios 1:18-20.)

 

La dimensión espiritual de la Iglesia se mide por la capacidad que tenga para expresar la autoridad de Dios en la tierra, y no por la cantidad de gente que reúna. (Efesios 3:10)

 

  1. Los cambios en la Transición Apostólica:

 

5.1. Cambio de Dirección:

De lo pastoral (dirigido a la congregación), a lo Apostólico  (dirigido al mundo). La estructura de gobierno de la Iglesia no puede seguir manejándose desde una perspectiva pastoral o empresarial donde aparece más la figura de un jefe jerárquico que la de un profeta del Reino.

 

Es fundamental que el gobierno humano, cualquiera que sea su forma, sea reemplazado por el gobierno divino; de tal forma que cada ministro encuentre que goza de una verdadera cobertura espiritual que lo protege y promueve, y no una tapa organizacional que lo limita y asfixia.

 

Así puede entender que, bajo esta dinámica  ministerial son más importantes las relaciones de pacto, que las reglas de trabajo, pues disfruta más de la cooperación ministerial, que el control organizacional.

 

5.2. Cambio de Situación.

De la mentalidad de templo y Sacerdocio del Antiguo Testamento, a la mentalidad Apostólica en la que todos nos involucramos en asistir a la gente en sus necesidades. La Iglesia debe ser litúrgicamente innovadora, es decir que la forma y contenido del culto no se mecanice, sino que de manera reverente exalte a Dios, de manera influyente edifique al creyente y de manera atrayente alcance al incrédulo.

 

La Iglesia debe ser espiritualmente renovadora, es decir mantenerse en la cresta de la ola del mover de Dios, pues sino se atrofia y fosiliza, es necesario cambiar la mentalidad paquidérmica que impide la operación fresca del Espíritu, de lo contrario estaremos perpetuando una organización rígida y no fortaleciendo un organismo vivo.

 

La Iglesia debe ser socialmente transformadora, es decir que su influencia por medio de su accionar profético rompa los sistemas de iniquidad e injusticia que prevalecen.

 

Debemos ser sabios para cambiar el envase sin alterar el contenido. No idolatrar los métodos, ni  vivir de las glorias del pasado. Es necesario romper los sistemas obsoletos y revisar los proyectos  para cambiar lo improductivo, no mantenerlos por tradición. Nuestra responsabilidad es entrenar con propósito y no entretener con programas.

 

5.3. Cambio de Enfoque.

De un gobierno pastoral pasivo, a un gobierno apostólico de confrontación. No se pueden edificar Iglesia dependiendo de un líder. No podemos repetir los vicios y errores de nuestros antecesores (intrigas, envidias, celos y competencias ministeriales); sería una necedad caer en la misma trampa de aquellos a quienes muchas veces hemos criticado por sus equivocaciones, pero no hemos imitado en sus aciertos.

 

Es nuestra responsabilidad cultivar una actitud de avance y alcance,  que pueda definir metas más altas, como también mantener principios más firmes que puedan forjar modelos más claros

 

5.4. Cambio de Énfasis.

De lo ceremonial a lo espontáneo. Libertad del Espíritu Santo. Cambiar el espíritu y contenido de nuestro mensaje; activando la Palabra de Revelación  para ir mas allá de  Jesús el Cordero Sufriente hasta  Cristo el  León Triunfante; de la cruz a la corona; del bautismo en agua como fin del evangelismo, al bautismo en el Espíritu como medio para evangelizar; del temor al mal, a poder sobre el maligno; de la tradición rígida a la unción renovada; de la liturgia frívola al culto espontáneo; de la condenación por el pecado, a la victoria sobre el pecado; del legalismo y libertinaje a la gracia libertadora.

 

5.5. Cambio de Prioridades.

Iglesias fundadas por Apóstoles, Profetas y Maestros, ministerios que tocan el Espíritu del recién convertido y liberan en su vida el propósito y potencial para el cual Dios le ha salvado; de tal forma que pueda afectar positivamente su entorno en la ciudad que habita.

 

De esta manera cada creyente se convierte en un PRODUCTOR del propósito de Dios y no en CONSUMIDOR del programa de la Iglesia; pues comprende que no vive para RESOLVER un problema diario, sino para  REALIZAR un propósito eterno.

 

Este es el entrenamiento y proyección de una iglesia que sale del desierto para poseer la tierra. Una Iglesia que opera más allá de las paredes y puede ser influyente en el mundo, sin que el mundo influya en ella; pues sabe Descubrir su Propósito, Desarrollar su Potencial, Definir su Participación y Difundir su Predicación.

 

5.6. Cambio de Métodos.

En cuanto a la evangelización del mundo, cambiar lo que ya es irrelevante, y que aunque nos sirvió en el pasado, Dios tiene algo nuevo y mejor que desea darnos en el presente.

 

Debemos aplicar los PRINCIPIOS ETERNOS en Procedimientos Modernos, operar de acuerdo a la época, lugar y cultura. No temer a las diversas manifestaciones de la multiforme gracia de Dios y aceptar que aún en las formas  contemporáneas que no son  de nuestro agrado,  Dios actúa y bendice.

 

Ningún método por más efectivo que haya sido debe sacramentarse, ni tomarse como molde en el que todos deben operar.

 

No podemos seguir hablando con señales de humo a una generación que navega en la Internet, es menester conocer el lenguaje y los códigos en que nuestra sociedad se comunica, para que podamos presentarles el mensaje del Evangelio de manera comprensible y adecuada.

 

6) Transición y humildad van de la mano.

Para que realizar profundos cambios si no hay ningún beneficio en ello? Verdad?.

La gente necesita ver las bendiciones y el poder que va a fluir a través de una iglesia apostólica. Toda reforma causa que la bendición de Dios se derrame de una mayor y mejor manera. Sin una reforma la iglesia se va a estancar o mejor dicho va a seguir estancada y eventualmente perderá la bendición de ser protagonista en una hora tan crucial.

 

Alguien sabiamente dijo esta poderosa verdad: “El problema de la sociedad hoy, no es tanto la voz de los malos, sino el silencio de los buenos”. Dios anhela que su iglesia sea la voz profética en su ciudad y nación, para denunciar el pecado del hombre y anunciar el perdón de Dios. Esto fue lo que caracterizó el ministerio apostólico y profético de

Juan el Bautista  (Juan 1:6-8).

 

Existen cientos de iglesias totalmente frustradas por no cumplir el protagonismo esperado por Dios. Existe en los miembros un sentido de ansiedad y de decepción provocado por el Espíritu Santo, muy por el contrario es la reacción de la gente que siente un anhelo interior de realizar la voluntad de Dios y tiene la posibilidad de verla realizado en su iglesia. Es hermoso asistir a un lugar donde podamos realizar los deseos divinos. A través de una reforma apostólica, la gente es bendecida y liberada hacia sus destinos individuales.

 

Gente ignorante, orgullosa y legalista, no recibe ni acepta transición; pues le cuesta reconocer que se halla estancado o que se ha equivocado, por lo tanto no quiere recibir ayuda de otros; pues teme recibir dirección ya que siente una amenaza contra su cargo, el cual desea defender egoístamente;  por el contrario, la gente sabia y entendida en los tiempos, si lo acepta (1 Cron.12:32-36; Sant. 3:13-17).

 

Se requiere humildad y sabiduría para poder reconocer que no se están haciendo bien las cosas, o que se pueden y se deben hacer mejor. E1 Señor nos dará la gracia y la sabiduría para realizar los cambios!

 

El que siempre ha bebido el vino añejo, no desea el vino nuevo. Generalmente esto ocurre, pero si tiene buen paladar espiritual, se da cuenta que es muchísimo mejor. Y como dijo Jesús: “Lo uno y lo otro se conservan” (Luc. 5:33-39). Una vez que la iglesia ha oído y entendido acerca de la restauración de lo apostólico y su función en el cuerpo de Cristo, comienzan a tomar el gusto y desear lo bueno por lo mejor, lo mejor por lo excelente y lo excelente por lo glorioso.

 

7) La revelación de la Palabra siempre nos lleva a disfrutar lo glorioso.

La gente no merece continuar oyendo lo viejo, lo insulso; necesita oír a Dios para conocer su voluntad y para consumar sus propósitos. Es mas, la gente nueva llega al Reino de Dios con un oído diferente y con un estomago espiritual distinto, los que nacen espiritualmente en este tiempo y asisten a iglesias tradicionales no alcanzan a entender el estilo de vida, conducta y propósito que practican.

 

Aunque nos duela decirlo, existe cierto tipo de gente en nuestra sociedad que nunca entrarán a ciertas iglesias evangélicas, y si lo hacen, no volverán nunca más. Parece durísimo, pero la gran mayoría de nosotros sabe que esto es así. Existe gente preciosa que antes de conocer a Jesucristo eran productivas y exitosas y cuando recibieron el evangelio, se atrasaron, no por el evangelio en si, sino por las tradiciones y normas que le enseñaron los hombres.

 

Por muchos años la Iglesia ha sido influenciada y formada por una mentalidad pastoral, y todo lo que el proyecta instintivamente, está basado en  la protección y seguridad; esto es muy peligroso si el pastor es legalista y sectario. La mentalidad apostólica esta basada en términos de alcance, avance, expansión y progresión. Esto no hace mejor a uno que al otro, ambos son necesarios, el problema surge cuando la unción pastoral se convierte en la unción dominante en una iglesia local, pues ella  piensa siempre hacia dentro.

 

La frase predilecta en algunas iglesias en términos generales es “Hay que tener cuidado”. Saben porque? Porque esto es lo que enseñan todo el tiempo. Desarrollan una mentalidad conservadora que les conduce a seguir perpetuando lo que han venido haciendo, aunque no vean resultados mayores; en vez de mantener una actitud innovadora que les permita ver lo que Dios está haciendo  y hacer lo que Dios está bendiciendo.

 

La iglesia que piensa y actúa con una mentalidad tradicionalista, con mucha frecuencia elimina, y en algunos lugares limitan o rechazan los otros dones y oficios ministeriales. El resultado es que la iglesia se convierte en demasiada pastoral en un lugar de ser apostólica y profética. Por otro lado, las iglesias apostólicas pueden serlo sin perder lo pastoral, ya que lo uno no anula lo otro, al contrario, lo complementa; ya que no es que estemos incorrectos sino que estamos incompletos. Por esta razón, es imprescindible retornar al modelo original de la Iglesia en cuanto a doctrina y gobierno.

 

8) El ministerio apostólico  incluye  y  activa los otros  ministerios.

La mentalidad apostólica está ungida por Dios para pensar ampliamente e incorporar todos los dones y ministerios, para  operar armónicamente dentro de un perfecto y completo engranaje. La mente pastoral funciona diferente, y es por eso que el liderazgo debe adoptar una mentalidad apostólica y su dimensión, para que así puedan tener la capacidad de abrazar y andar en todo aquello que Dios nos está entregando.

 

Quedarse con un estilo netamente pastoral será estancarse y puede llegar a frenar el ser parte activa y completa del periodo de restauración y reforma que el Espíritu Santo ha comenzado a ejecutar en estos tiempos. Tenemos la oportunidad única de entrar en una nueva estación apostólica sobrenatural, este proceso no va a eliminar el trabajo pastoral local, sino que lo libera para que funcione en un nivel superior y diferente, con una visión más amplia y una unción más fuerte. No es cuestión de competencia de cargos o poder, sino complemento de un trabajo en equipo, que se debe respeto y sujeción mutua.